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Una mujer en la luna, cientos en Women Techmakers

Una mujer en la luna, cientos en Women Techmakers

Las chicas son guerreras.


Una mujer en la luna, cientos en Women Techmakers

Con un tono políticamente más correcto, e incluso con pinceladas literarias, hace algunas semanas los medios se hicieron eco del anuncio realizado por la agencia espacial norteamericana que, a bombo y platillo, informó de la programación de una nueva misión para regresar a la luna y en la que al menos, rásguense las vestiduras, una mujer formará parte de la tripulación.

El proceso de selección de dicha madame o mademoiselle, sin duda, será de traca. A nadie le cabe ninguna duda de que deberá ser más inteligente, más impermeable a la presión y al estrés. Estoica ante las adversidades físicas y psíquicas, capaz de tomar decisiones críticas en segundos, además de, por supuesto, más fotogénica, que cualquier varón. Resultará imprescindible que enamore a la cámara y que sepa desenvolverse con soltura en las radios y televisiones donde, tras haber cumplido con su trabajo, deberá volver a alunizar.

Pienso en esto tras haber asistido a la tercera edición de Women Techmakers, celebrada ayer sábado 16 de noviembre en Zaragoza. En las anteriores ediciones, entre absolutas muestras de talento, de vocación, de pasión científica, de alardes sobre los últimos avances tecnológicos, subyacía constantemente el tufillo de los techos de cristal, de la doble vara de medir, de los prejuicios. Aparecía inteligentemente de manera implícita, porque ya no es, ni debe ser, una queja lastimera, sino convertirse en ironías, en comentarios ácidos que afilan las miradas de las que aguardan su oportunidad.

Ayer hablaron de neurociencia, de inteligencia artificial, de blockchain, de big data, de realidad virtual… Explicaron perfectamente los conceptos (hasta para los oídos inexpertos) y nos indicaron sus aplicaciones, en las que ya trabajan con una dedicación y unas ganas que harán que, sin duda, alcancen sus propósitos. Las chicas son guerreras.

Sí, al menos, irá una mujer a luna. Y no irá para cumplir ningún cupo, sino a explorarla, a auscultar su cara oculta, la de la luna, y entre numerosas investigaciones calculará su capacidad habitable, sin pestañear. Y regresará satisfecha del satélite al que nos mandarán, no tardando mucho, si no eliminamos los prejuicios que, a mi modo de ver, jornadas como la vivida en el día de ayer muestran que un futuro junto a ellas, será sin duda mejor.


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Alberto Carranza

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